Se sabe lo que nos cuesta a las personas tan apegadas como yo el
desapego y el soltar. Lo que me quedó de mi largo viaje por Europa, como
aprendizaje fue eso. Disfrutar el momento con cada persona que conocía, porque
era eso: aquí y ahora. Y nunca se sabía hasta cuando. Irme de Estados Unidos
creo que fue tan difícil como decidir ir. Por todos mis prejuicios, por mi
tendencia a la postergación, a buscar las condiciones “ideales” dilate
demasiado este viaje. Que hoy puedo decir, llegó en el momento y el lugar justo
para mi y mi evolución. Realmente: lo necesitaba. Al principio me parecía que
los días no pasaban y que iba a hacer en dos semanas!!! No me permitía ni
siquiera disfrutar del todo el presente, con mi exceso de ansiedad. Hasta que
con el correr de los días (viaje a NY mediante) empecé a sentir que el tiempo
volaba y no era suficiente. Esa sensación de abrazar cada instante para que no
se diluya y disfrutarlo al máximo. Claramente nos entendíamos y nos íbamos
conociendo mejor, con mi primo, su flia e incluso yo, conmigo misma. Mi primo
me hacía chistes sobre fotos de mis tortas, Uli cada día era más amoroso y
paciente conmigo. Me invitaba a “visitarlo”, como dice él, a la noche antes de dormir a su cama, contabas
cuentos y nos reíamos mucho (incluso cuando le comenzó a sangrar la nariz
imprevistamente, estuve ahí para acompañarlo), con Kim pudimos consolidar
nuestra amistad, que nació en Argentina siendo dos desconocidas con
prácticamente nada en común (ni siquiera la lengua). Pude disfrutar enormemente
el día que, tanto ansié, ella faltó al trabajo para salir conmigo y mostrarme
la ciudad, además de tomar un café y compartir un brunch francés. Abrió su
corazón, compartiendo todo, en “su” español, escuchandome y conociendo más y más
de mi vida y mis emociones. Creo que pude entender cada detalle, como si
realmente me conociera. Incluso aportar precisos y preciosos puntos de vista.
Como yo también respecto a ella, entender su amor por el arte, por el orden, su
descendencia oriental y como lleva ese legado en la vida cotidiana. Pensaba
como cuantas veces quise hacer un intercambio en otro país, y qué fue esto
sino? Convivir con una familia que es la mia, pero que al mismo tiempo es otra.
Fue hermoso! Y con ese dolor profundo, y lindo también, que tienen las
despedidas cuando uno de verdad disfruta el tiempo. El último día cuando Uli,
vino a saludarme antes de dormir nos dimos el mejor abrazo que he tenido en mi
vida. Así lo sentí! Los dos nos quedamos en silencio, como queriendo decir algo
más importante que el abrazo, y aunque esto me haya sucedido con un nene de 5
años, puedo decir que fue de esa conexión especial de la que no entienden las
palabras y va más allá de todo. Sin mencionar la cantidad de dibujos hermosos
que me hizo los últimos días. Después de
ese abrazo, le preguntó a su mamá como decirme algo, me miro y tímidamente me
dijo: te extraño! (creo que la idea era decir “te voy a extrañar”, pero me
pareció lindo el “error” de traducción, porque es como decir que desde ese momento
ya me estaba “extrañando”). Lo mandaron a dormir y él no dormía, como dicen en
México “quien mucho se despide, pocas ganas tiene de irse…” y así fue. Me
invito a visitarlo a la cama de sus papas. Ya que le dijo a Kim que estaba muy
triste porque yo me iba y dolorido (ese día se había caído en la escuela) y
necesitaba estar con ellos. Me abrazaba cada vez más y más fuerte.
Ya estoy en Colombia disfrutando del calor y los mimos de otra
familia, que casi no conozco y que tiene todo por enseñarme. También reviviendo
un poco mi viaje a Europa donde conocí a Meli, quien hoy me recibe en su sitio.
Asi estoy procesando todo aquello y leyendo un mail donde Kim me dijo, que
están muy tristes y que Uli pidió
quedarse con un suéter que yo dejè para descartar, porque me extraña mucho J qué más
puedo pedir? Esas maravillosas emociones que generan los movientos, movilizando
mucho más que kilómetros y como siempre, lo que uno recibe es mucho más de lo
que deseaba buscar …hasta pronto!!! Los extraño.




